lunes, 3 de abril de 2017

La estación del olvido



Era una pálida noche
en la estación del olvido
un tren oscuro de luto
entre vapores se abría
al sonar la campanilla
del andén número dos.

Maletas de madera y cartón
de roña empedernidas
ajadas cestas de mimbre
para el pan y la tortilla

Entre besos, abrazos
y adioses: triste partida
frente al oscuro
tren del olvido
lazos separados
al pié de la escalerilla.

El tren se iba moviendo
entre flameantes pañuelos
como velas encendidas
el tren se fue alejando
de la memoria perdida.

El vagón se removía
su mecer nos fue durmiendo
recostados en la herida
de un sueño entrecortado
por el dolor de costado
y la cabeza torcida.

Y entresoñando fuimos meciendo
la muerte que recorría
por los carriles desiertos
de una guadaña fría.

Sobre su filo
fuimos muriendo
en el corazón que ardía
de la máquina de hierro:
un dragón sobre las vías
negro como el carbón
que al fogonero cubría.


El tren nos fue purgando
sobre la vía dolorosa
el pecado de haber nacido
en una tierra sin pan
en la estación del olvido.

Al cabo de muchas horas
tan largas como el dolor
y el hambre que porfía
una roca nos tragó
en boca entenebrecida
un túnel nos engulló
en su entraña vacía.

Fue cuando llegó el momento
de la asfixia estremecida
cuando el humo se coló
por la abierta ventanilla.

Toses, quebrantos suspiros
en medio de una agonía
que nublaba la mente
y al pecho lo sacudía.

-¡Cierren las ventanillas!-
se oyó
y al grito todos corrían
pero ya la carbonilla
con su bautizo ardiente
había marcado en la frente
el paso hacia la otra vida.

En la fugacidad de un momento
el túnel nos vomitó
al clarear del cielo
en la alborada en flor.

Luego un rayo de esperanza
el horizonte se abrió
una tierra prometida
brillaría bajo el sol.



Poesía y pintura: Pil

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